viernes, 8 de marzo de 2013

En defensa de Víctor Valdés

“El fútbol tiene memoria corta”, reza una de las máximas más utilizadas por los que seguimos al deporte más practicado en el mundo. Dicha frase sirve para ilustrar perfectamente la situación por la que atraviesa Víctor Valdés en el FC Barcelona. El arquero nacido en L’Hospitalet de Llobregat anunció el pasado 17 de enero que no renovaría su vínculo con el club catalán, que concluye en junio de 2014, alegando estar en busca de “un nuevo fútbol”. Sin saberlo, se ha echado él mismo a los leones. O mejor dicho, le han echado. Vayamos por partes.


Valdés llegó a La Masía en 1995, y no fue sino hasta su mayoría de edad cuando empezó a cogerle cariño a estar bajo los tres palos. Hay que darle las gracias a Joan Gaspart, que evitó que el arquero de 31 años se marchara del Barça en la temporada 2002-2003, tras haber sostenido éste un pulso con Louis Van Gaal, que acabaría relegándolo al filial blaugrana para jugar en Segunda B. A mitad de temporada Van Gaal acabaría destituido y Valdés recuperaría la titularidad de la mano del serbio Radomir Antic. Más adelante, el holandés Frank Rijkaard terminaría por decretar la inamovilidad de ‘La Pantera de Llobregat’ en la meta catalana.

Algunos parecen olvidar que el supersticioso Víctor (no pisar las líneas del campo antes de jugar forma parte de sus cábalas) se ha mantenido como titular indiscutible en la meta blaugrana por poco más de 10 años consecutivos, puesto de increíble exigencia en los que porteros de supuesta calidad han perdido su lugar debido a la agobiante presión mediática y de la grada. Si no me creen, pregúntenle al argentino Roberto Bonano o al turco Rüştü Reçber, arqueros que llegaron con la vitola de estrellas y nunca lograron triunfar en Can Barça.

Cinco Trofeos Zamora (cuatro ganados de manera consecutiva) y el récord de más imbatibilidad en la meta blaugrana con 895 minutos sin encajar un gol, terminan de avalar el trabajo de Valdés a lo largo de su carrera en el FC Barcelona, amén de un inmenso palmarés compuesto por 19 títulos colectivos. Pero más allá de premios, copas y distinciones individuales, es el fútbol de Víctor lo que lo ha hecho famoso. Su juego con los pies es reconocido en todo el planeta fútbol; Valdés es el líbero del Barça. De sus pies nacen muchas de las jugadas que más tarde acabarán en gol. Cuando el equipo se ahoga, un pase atrás a Víctor desata los nudos.

Qué culé no recuerda aquel mano a mano que ganó Valdés a Thierry Henry en la final de la Champions League 2005-2006, y que valió una ‘orejona’, o a aquel Valdés eufórico que agitaba las redes de una de las porterías del Camp Nou, en el recordado 5-0 infligido al Real Madrid en el 2010. No es razón suficiente atizar a Valdés por querer probar otro fútbol, otras costumbres. Se necesita valor para abandonar el equipo donde has pasado toda tu vida para aventurarte hacia lo desconocido. Los años pasan y es normal en algunos seres humanos querer cambiar, emprender nuevos proyectos. La única equivocación del arquero culé ha sido anunciar su decisión a mitad de temporada, cuando el FC Barcelona comienza a jugarse todos los títulos.

Este no es un artículo dedicado simplemente a ensalzar a Víctor Valdés, que en su carrera futbolística ha cometido varios errores que han costado puntos y partidos al Barça. Tampoco es el objetivo elevar al meta blaugrana a un altar. El objetivo es reivindicar a uno de los mejores porteros en la historia del FC Barcelona y recordarle a la parroquia culé lo mucho que perderán cuando Valdés ya no esté.

No será el mejor arquero del mundo - porque no lo es - pero no merece marcharse del Camp Nou despreciado por su propia parroquia. Un poquito de ‘seny’, por favor.


Juan Mendez / @apuestagol /  REDACCIÓN



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